No he tenido mucho tiempo de escribir ...asi q aqui les dejo un gran poema, por el momento:
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Lenta infancia de donde como de un pasto largo crece el duro pistilo, la madera del hombre. Quién fui? Qué fui? Qué fuimos?
No hay respuesta. Pasamos. No fuimos. Éramos. Otros pies, otras manos, otros ojos. Todo se fue mudando hoja por hoja en el árbol. Y en ti? Cambiò tu piel,tu pelo, tu memoria.
Aquél no fuiste.Aquel fue un niño que pasò corriendo detrás de un río, de una bicicleta, y con el movimiento se fue tu vida con aquel minuto.
La falsa identidad siguiò tus pasos. Día a día las horas se amarraron, pero tú ya no fuiste, vino el otro, el otro tu, y el otro hasta que fuiste, hasta que te sacaste del propio pasajero, del tren, de los vagones de la vida, de la substituciòn, del caminante.
La máscara del niño fue cambiando, adelgazò su condiciòn doliente, aquietò su cambiante poderío: el esqueleto se mantuvo firme, la construcciòn del hueso se mantuvo, la sonrisa, el paso, un gesto volador, el eco de aquel niño desnudo que saliò de un relámpago, pero fue el crecimiento como un traje! Era otro el hombre y lo llevò prestado.
Así pasò conmigo.
De silvestre llegué a ciudad, a gas, a rostros crueles que midieron mi luz y mi estatura, llegué a mujeres que en mí se buscaron como si a mí se me hubieran perdido, y así fue sucediendo el hombre impuro, hijo del hijo puro, hasta que nada fue como había sido.
Y de repente apareciò en mi rosero un rostro de extranjero y era también yo mismo: era yo que crecía, eras tú que crecías, era codo, y cambiamos y nunca más supimos quiénes éramos, y a veces recordamos al que viviò en nosotros y le pedimos algo, ral vez que nos recuerde, que sepa por lo menos que fuimos él, que habla con su lengua, pero desde las horas consumidas aquél nos mira y no nos reconoce.
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Lenta infancia de donde como de un pasto largo crece el duro pistilo, la madera del hombre. Quién fui? Qué fui? Qué fuimos?
No hay respuesta. Pasamos. No fuimos. Éramos. Otros pies, otras manos, otros ojos. Todo se fue mudando hoja por hoja en el árbol. Y en ti? Cambiò tu piel,tu pelo, tu memoria.
Aquél no fuiste.Aquel fue un niño que pasò corriendo detrás de un río, de una bicicleta, y con el movimiento se fue tu vida con aquel minuto.
La falsa identidad siguiò tus pasos. Día a día las horas se amarraron, pero tú ya no fuiste, vino el otro, el otro tu, y el otro hasta que fuiste, hasta que te sacaste del propio pasajero, del tren, de los vagones de la vida, de la substituciòn, del caminante.
La máscara del niño fue cambiando, adelgazò su condiciòn doliente, aquietò su cambiante poderío: el esqueleto se mantuvo firme, la construcciòn del hueso se mantuvo, la sonrisa, el paso, un gesto volador, el eco de aquel niño desnudo que saliò de un relámpago, pero fue el crecimiento como un traje! Era otro el hombre y lo llevò prestado.
Así pasò conmigo.
De silvestre llegué a ciudad, a gas, a rostros crueles que midieron mi luz y mi estatura, llegué a mujeres que en mí se buscaron como si a mí se me hubieran perdido, y así fue sucediendo el hombre impuro, hijo del hijo puro, hasta que nada fue como había sido.
Y de repente apareciò en mi rosero un rostro de extranjero y era también yo mismo: era yo que crecía, eras tú que crecías, era codo, y cambiamos y nunca más supimos quiénes éramos, y a veces recordamos al que viviò en nosotros y le pedimos algo, ral vez que nos recuerde, que sepa por lo menos que fuimos él, que habla con su lengua, pero desde las horas consumidas aquél nos mira y no nos reconoce.