viernes, 21 de agosto de 2009

La Caida

Hay que tratar de dejar SECUELAS...

Después de la caída no eres nada...
Solo un mal recuerdo en mi almohada...
Y yo aquí, pretendiendo ser en sueño lo que nunca fui.

Perdona sino miro a tu cara...
la tarde en que me dices que te marchas..
Entenderé, que muchas veces es mejor no preguntar ¿por que?

Callate y mejor no digas nada...
Vete a otro lado con tus mentiras...
No sabes que, ya mis oidos de otros labios han escuchado las mismas palabras...

Aunque pensandolo bien...
No fuiste nada...
No eres nada...
Te has convertido, en una triste flor que marchito el olvido...
En un punto mas en el negro vacio...
En nada te has convertido... en nada...

Te has convertido, en el eterno resplandor de una mente que no quiere
tener de ti mas recuerdos...
En nada te has convertido... en nada...

Un día de furia...

Un día cualquiera, cansado llegas a tu casa.
Al abrir la puerta te encuentras con el mismo paisaje habitual,
Siguiendo los pasos monorrítmicos de tu rito, llegas a tu cama.
Aquí llegan de visita inesperadas las imágenes y pensamientos absurdos.
Y unas cuantas horas después, con los parpados ya pesados, quedas dormido.

De pronto despiertas, con un sabor amargo en tu boca, con los puños bien cerrados, con el corazón bien jodido y la rabia insolente de la situación.
Con un poco de astucia sales de tu cama y con una extraña ultra violencia abres la puerta de tu casa y corres por las calles desnudas, oscuras y solitarias, para llegar al encuentro en el palacio de ella, tú enemiga.

Irrumpes en su cuarto y bajo la mirada atónita de sus padres y familiares entras en su cama y le haces el amor, como solían hacerlo en aquellas noches ya inexistentes de verano.

Perdido, aun, en el orgasmo de tu inconciencia y ya con el día a cuestas, sales nuevamente a la gran ciudad, ahora ya llena de mascaras y rostros crueles. Con lo que decides derribar uno a uno los antifaces dejándolos con la mentira en sus manos.
Con tu paso quiebras vidrios, escupes inocentes, y con gritos desesperados maldices a todos aquellos que caprichosamente moldearon lo que eres ahora, la caricatura de la persona que querías ser.

No entiendes que te pasa, nunca antes habías ni pensado actuar como lo haces ahora, llegas al bar mas cercano, sin negociar con el que atiende le cambias tu corazón por miles de copas, te llevas contigo algunas y buscas un lugar solo y tranquilo, ya agotado y harto de alcohol caes sin culpa ni castigo.

Desubicado te levantas, caminas y llegas a tu casa.
Al abrir la puerta te encuentras con el mismo paisaje habitual,
Siguiendo los pasos del rito, llegas a tu cama y descansas por que los días de furia solo existen y se realizan en tus sueños.