Aquel día había llegado temprano del trabajo, preparo su comida y en la noche ordeno su casa, era un ritual monorrítmico que hacia todos los días.
Ese día las horas habían transcurrido normales, y su cansancio no era excesivo.
Sin embargo, aquella noche un silencio fúnebre azotaba fuertemente y decidió irse dormir temprano.
No fue difícil conciliar el sueño, y logro dormir rápidamente.
De pronto, sin esperarlo, ahí estaba, en sus sueños, parecía tan real, tan omnisciente, tan imprescindible.
El no se acomplejo, por el contrario, vio en su rostro algo familiar, y observo aquella mirada penetrante la cual había esperado toda su vida.
Y así continuo con aquel momento mágico, hasta que despertó y se dijo:
Se quien es, y se donde la encuentro.
Trato nuevamente de dormir, sin embargo esta vez no pudo, y los minutos hacia al amanecer se volvieron eternos.
Cuando el alba llego, no le importo nada, ni el empezar su ritual monorrítmico le detuvo, dejo de lado su trabajo, su casa, hasta el mismo se abandono. Sin sentido corrió a donde el sabia que la podía encontrar.
Llego un poco cansado, se poso frente a ella, tomo fuerzas quien sabe de donde y se dispuso a decir:
- Eres tú, tú eres mi sueño, tu estas en mis sueños.
Ella miro el suelo, cuando levanto su cabeza, respiro profundo y con una leve sonrisa en sus labios dijo:
- Pero tu no estas en los míos.
Ella dio media vuelta y se perdió en el camino.
El se quedo ahí anclado en el silencio.
Preguntándose…
¿Como y porque la vida a veces puede dolernos tanto?
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