jueves, 16 de abril de 2009

Triste pero cierto III

La hora de abrir mis ojos, llego temprano aquel día para mi.
Como siempre la noche encargada de enterrar las dudas en mi cabeza,
había hecho que una vez más esta resaca augurara un rito irremediablemente cotidiano.

Encendí el televisor con el fin de distraerme un rato,
Mientras preparaba el desayuno, pero no presentaban nada importante en las noticias,era la misma función, los mismos titulares tales como:
Que hoy EEUU había bombardeado un país con un nombre difícil de pronunciar.
O noticias por una seudocrisis económica mundial.

Por cómplice la oscuridad matutina,

me acompañaba siempre a tomar el autobús.
Y ya ahí los pasajeros soñolientos,

se transformaban en compañeros de ritual,

Y de repente tres asientos hacia el frente,

con los mismos rasgos de hacia algunos años.
Estabas tú. Eras la misma persona de aquellos paisajes y de aquellos tiempos
en los que tenía una suerte mejor.

Me quede varios minutos analizando, no creia tal realidad.
Sin embargo todos los caminos llevaban a la misma conclusión:
las estrellas habian conspirado para ponerte nuevamente en el camino.

Mientras me quedaba en mis indecisiones sobre que hacer.
Venian a mi mente recuerdos de aquellos los primeros minutos que nos vimos,
de las interrogantes que nacian en tu mirada, de las decisiones que alguna vez nos hicieron contruir aquel muro, que ya después y por desgracia del destino no pudimos saltar.

Y creo que esos mismos recuerdos son los que hacen,
que en esas noches vacias en que regreso a mi hogar
me arrepienta de haber puesto yo el primer ladrillo de ese muro.

Debia decirte algo, ya el trayecto se iba a acabar.
No queria perder la oportunidad de tratar de recordarte los momentos antes de cuando quisimos rendirnos.

Me levante decidido y me acerque a ti…
Con preguntas tontas y un poco desordenadas
una sonrisa extranjera me respondió. . .

- Disculpe pero creo que se ha equivocado!!!!

- Perdone señorita, tan solo me confundi.
Se parece tanto usted a alguien que conoci hace ya algunos años.

Y después de eso regrese a mi lugar,
A seguir recordando, que es lo unico que puedo hacer.
Y me quede ahí anclado al asiento, preguntandome…
¿Cómo a veces los recuerdos pueden dolernos tanto?

No hay comentarios: