Cierta tarde, en algún lugar del universo, escuche una leyenda chaman.
la cual se refería a una pared que crecía entre dos cuerpos…
Siempre pensé que era una leyenda,
hasta en una tarde fría, a la cual no quiero regresar, me sucedió.
No recuerdo quien puso el primer ladrillo…
Sin embargo, los que le sucedieron, traían impregnados tantos sentimientos.
Algunos con soberbia…
otros con excusas…
unos adheridos a indecisiones…
la mayoría, de mi parte lo confieso, llenos de orgullo…
Uno que otro con temor…
Muchos sin sinceridad…
Y unos muy pocos llenos de cosas buenas…
Pero así cada uno, que fue formando la pared, hedía a la crónica de una muerte esperada y lenta.
Cuando nos dimos cuenta, ya era tarde (como siempre)…
Y ahí nos encontrábamos, cada quien a un lado de la pared...
Confieso que no intente cruzar la pared…
Y que no gritaba para que tú me escucharas…
Nos comunicábamos, pese a ese obstáculo que habíamos formado…
intentando encontrar una solución a lo malo que hicimos…
Pero recuerdo que un día al alba…
Escuche el sonido de tu silencio… por primera vez…
Pase la mañana arañando con ira los ladrillos,
golpeando con ilusión y pateando con miedo la pared…
intentando encontrar un signo de saber que estabas bien…
Y no se si por cansancio o condición de derrota…
Con mis manos destrozadas, mi voz ronca, y mi alma aun peor…
Caí como cae una hoja en otoño, con la vista mirando fijamente el sol…
Desperté no se cuantas horas después, y aun adolorido me puse en pie…
Y a través de la pared…
Aquella tarde fría… a la cual no quiero regresar.
Mire tu silueta alejándose en la distancia…
Anunciándome así otro final…
como ya tantas veces me habían ocurrido.
Y así supe que el camino apenas empezaba,
Y que debía esperar para iniciar la aventura de escapar hacia el mar.

la cual se refería a una pared que crecía entre dos cuerpos…
Siempre pensé que era una leyenda,
hasta en una tarde fría, a la cual no quiero regresar, me sucedió.
No recuerdo quien puso el primer ladrillo…
Sin embargo, los que le sucedieron, traían impregnados tantos sentimientos.
Algunos con soberbia…
otros con excusas…
unos adheridos a indecisiones…
la mayoría, de mi parte lo confieso, llenos de orgullo…
Uno que otro con temor…
Muchos sin sinceridad…
Y unos muy pocos llenos de cosas buenas…
Pero así cada uno, que fue formando la pared, hedía a la crónica de una muerte esperada y lenta.
Cuando nos dimos cuenta, ya era tarde (como siempre)…
Y ahí nos encontrábamos, cada quien a un lado de la pared...
Confieso que no intente cruzar la pared…
Y que no gritaba para que tú me escucharas…
Nos comunicábamos, pese a ese obstáculo que habíamos formado…
intentando encontrar una solución a lo malo que hicimos…
Pero recuerdo que un día al alba…
Escuche el sonido de tu silencio… por primera vez…
Pase la mañana arañando con ira los ladrillos,
golpeando con ilusión y pateando con miedo la pared…
intentando encontrar un signo de saber que estabas bien…
Y no se si por cansancio o condición de derrota…
Con mis manos destrozadas, mi voz ronca, y mi alma aun peor…
Caí como cae una hoja en otoño, con la vista mirando fijamente el sol…
Desperté no se cuantas horas después, y aun adolorido me puse en pie…
Y a través de la pared…
Aquella tarde fría… a la cual no quiero regresar.
Mire tu silueta alejándose en la distancia…
Anunciándome así otro final…
como ya tantas veces me habían ocurrido.
Y así supe que el camino apenas empezaba,
Y que debía esperar para iniciar la aventura de escapar hacia el mar.
2 comentarios:
Y es que el muro crece y la paciencia se agota... por momentos... por momentos...
Me gusto este Danny, menos emo más realidad y algo de esperanza...siempre podemos buscar otro camino!
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